El día de hoy realicé un ejercicio bastante peculiar, en el cual primero se debía inducir un estado de trance y luego se empezaba a escribir oyendo jazz. En el proceso de relajación o trance inducido me sucedió algo extraño, poco después de haber comenzado, teniendo los ojos cerrados las pupilas se movían de un lado a otro sin parar, y así duré hasta que termino esa primera parte del ejercicio.
Al escribir sentía todo extraño, la mano fluía al ritmo de la música, todo fluía.
Escribí dos textos en este ejercicio, no tienen nada que ver el uno con el otro, aparte de compartir la misma técnica de creación.
Publicaré sólo uno de ellos en este post, el otro, tal vez más tarde u otro día.
Ahí va.
Ver su cara en los huesos. Sus ojos como esferas sin vida que solo transmiten muerte, tristeza, dolor. Ella sentada observando, velando por él, sufre tanto o más viéndole padecer tal agonía.
Sus pies hinchados, su rostro casi sin vida que transmite agonía nos habla. Pide a gritos partir pero el cuerpo no le deja ir
Duele verle, se sufre tanto o más que él. Todos lo sentimos como una estaca clavada en el pecho que nos desgarra, pero él aún no se va, sigue sufriendo al igual que nosotros al ver su dolor.
Recordar las ya pasadas pero no olvidadas tardes que compartí con él me hace sentir pena de mi mismo por no haberle aprovechado en su momento, pero él ya no está más.
La agonía en su cuerpo, el dolor en su mirada, el llanto en su honor.
Duele verle así, mas sería inútil pedir que se quedara o regresara. No lo hará, mejor que no esté, mejor que deje de ser, prefiero eso a volverle a ver como aquí lo recuerdo. No es grato tenerlo así en la memoria. Le duele a la mente el recuerdo del alma y la nostalgia. Ella llora sin consuelo, cantándole para que se vaya. Todos miran emotivos, yo ya me fui, pero sigo con él y aún lo estoy, como él lo está conmigo.
Oír la noticia me devasta, no sé que decir, no sé que pensar, sé que sentir, alivio por no tener que verle sufrir.
Sé que aunque duela es mejor.
Y Odin dijo: Un lobo que duerme no obtendrá su alimento y una batalla no se gana descansando.
miércoles, 25 de mayo de 2011
martes, 24 de mayo de 2011
Religulous.
Bueno gente, como lo prometido es deuda... Acá les dejo la película, se trata de Religulous.
No les cuento de que se trata pero espero que les guste, en lo personal me encanta y espero que a ustedes aunque sea les guste.
No les cuento de que se trata pero espero que les guste, en lo personal me encanta y espero que a ustedes aunque sea les guste.
Les dejo el link para verla en Cuevana, lo unico que deben hacer es seleccionar la fuente desde la que quieren reproducir el video y dejar que cargue :)
Cuevana - Religulous
Cuevana - Religulous
domingo, 22 de mayo de 2011
Regreso a este abandonado Blog.
Bueno, ya hace bastante tiempo que no publico nada en el blog, así que me he puesto en la tarea de traerles a ustedes tres cosas.
La primera, y la que podrán ver en este post, será un texto mio.
La segunda, una película.
Y la tercera, un disco recomendado
Ahi va el texto.
***
La primera, y la que podrán ver en este post, será un texto mio.
La segunda, una película.
Y la tercera, un disco recomendado
Ahi va el texto.
***
Persistencia en el lenguaje, eternidad en la memoria.
En varias ocasiones Borges alude a la inmortalidad en sus relatos, hablándonos de esta como algo alcanzado por medio del lenguaje. En varios de sus relatos encontrados en El Aleph podemos observar varios ejemplos de esto.
En “El Inmortal” Borges nos cuenta sobre un hombre que decide salir en busca de un río que se supone le brindará la inmortalidad. Empieza su travesía con un buen grupo de hombres, quienes son sus seguidores, pero al cabo del tiempo todos mueren dejándolo sólo. Ya después de haber viajado por su cuenta un tiempo, la muerte parece también querer tomarlo, y próximo a perecer por la deshidratación bebe de un río por el cual corre agua turbia y arenosa, sin saber que precisamente ese era el río que tanto había anhelado encontrar y por el cual sus seguidores habían muerto. Cerca al río habitaba una tribu de trogloditas, los cuales resultaban extraños para el viajero, quien después de haber estado mirando como un observador externo un tiempo, decide salir de donde se encontraba para continuar con su búsqueda de la ciudad de los inmortales, y desde este punto es acompañado por uno de los trogloditas quien decide seguirlo en su travesía. Éste, que se hace llamar Argos, dice ser quien escribió La Odisea y también le dice al viajero que aquel turbio arroyo del que había bebido era en realidad el río de la vida eterna y que gracias a este la gente de su tribu era inmortal.
En esta ocasión la inmortalidad alcanzada por el troglodita (Homero) es una que se refiere no a la inmortalidad de la carne o del espíritu, sino a la del pensamiento, la ya mencionada inmortalidad en el lenguaje. Podemos decir que Homero es inmortal en su obra y lo seguirá siendo hasta que esta deje de ser leída por los hombres.
En “La escritura de Dios”podemos observar otro homenaje al lenguaje, pero en esta ocasión no como fuente de vida eterna, sino como ese algo que da poder de regir sobre algo o alguien. En este caso, Tzinacán, preso en la cárcel recuerda que Dios previendo el fin de los tiempos escribió, una sentencia mágica el primer día de la creación. Piensa que ese mensaje divino debe estar escrito en algo inmutable para que perdure a través de los siglos, quizá un río, una montaña o en él mismo, pero después se da cuenta que todo eso puede mutar con el tiempo.
Un día pensó: “¿qué tipo de sentencia podría escribir un Dios?”, pero se dio cuenta que Dios no necesitaba ninguna sentencia, con una sola palabra podía abarcar la plenitud.
Fue entonces cuando ocurrió la unión con la divinidad, vio una rueda que estaba por todas partes, bastaría pronunciar las catorce palabras escritas para regir la tierra. Pero en ese momento eso carecía de importancia, porque él ya no era nadie.
Y tal vez Tzinacán ya no era nadie porque como el mismo dice, ni siquiera él se acuerda de él mismo, y creo yo, que si uno no se recuerda, es difícil que alguien más lo haga.
Emma Zunz: En este relato el padre de Emma, perdura en el lenguaje al igual que Homero, pero no lo hace de la misma manera, no, él permanece para Emma expresado en su voluntad, resguardada por el lenguaje. Y si no fuera por el lenguaje Emma no se habría enterado de la muerte de su padre ni del nombre del responsable del suicidio de este.
Realmente dudo que se tenga conciencia del poder que puede brindar el lenguaje a los hombres, no sólo como camino de la comunicación, sino como ese algo que nos da la posibilidad de dar orden al caos, tener control sobre las cosas (tal vez también sobre las personas) y sobre todo que nos permite postrarnos en la eternidad de la memoria y en la persistencia del lenguaje.
En el lenguaje, si tenemos suerte prevaleceremos, de lo contrario seremos olvidados en el intento.
En varias ocasiones Borges alude a la inmortalidad en sus relatos, hablándonos de esta como algo alcanzado por medio del lenguaje. En varios de sus relatos encontrados en El Aleph podemos observar varios ejemplos de esto.
En “El Inmortal” Borges nos cuenta sobre un hombre que decide salir en busca de un río que se supone le brindará la inmortalidad. Empieza su travesía con un buen grupo de hombres, quienes son sus seguidores, pero al cabo del tiempo todos mueren dejándolo sólo. Ya después de haber viajado por su cuenta un tiempo, la muerte parece también querer tomarlo, y próximo a perecer por la deshidratación bebe de un río por el cual corre agua turbia y arenosa, sin saber que precisamente ese era el río que tanto había anhelado encontrar y por el cual sus seguidores habían muerto. Cerca al río habitaba una tribu de trogloditas, los cuales resultaban extraños para el viajero, quien después de haber estado mirando como un observador externo un tiempo, decide salir de donde se encontraba para continuar con su búsqueda de la ciudad de los inmortales, y desde este punto es acompañado por uno de los trogloditas quien decide seguirlo en su travesía. Éste, que se hace llamar Argos, dice ser quien escribió La Odisea y también le dice al viajero que aquel turbio arroyo del que había bebido era en realidad el río de la vida eterna y que gracias a este la gente de su tribu era inmortal.
En esta ocasión la inmortalidad alcanzada por el troglodita (Homero) es una que se refiere no a la inmortalidad de la carne o del espíritu, sino a la del pensamiento, la ya mencionada inmortalidad en el lenguaje. Podemos decir que Homero es inmortal en su obra y lo seguirá siendo hasta que esta deje de ser leída por los hombres.
En “La escritura de Dios”podemos observar otro homenaje al lenguaje, pero en esta ocasión no como fuente de vida eterna, sino como ese algo que da poder de regir sobre algo o alguien. En este caso, Tzinacán, preso en la cárcel recuerda que Dios previendo el fin de los tiempos escribió, una sentencia mágica el primer día de la creación. Piensa que ese mensaje divino debe estar escrito en algo inmutable para que perdure a través de los siglos, quizá un río, una montaña o en él mismo, pero después se da cuenta que todo eso puede mutar con el tiempo.
Un día pensó: “¿qué tipo de sentencia podría escribir un Dios?”, pero se dio cuenta que Dios no necesitaba ninguna sentencia, con una sola palabra podía abarcar la plenitud.
Fue entonces cuando ocurrió la unión con la divinidad, vio una rueda que estaba por todas partes, bastaría pronunciar las catorce palabras escritas para regir la tierra. Pero en ese momento eso carecía de importancia, porque él ya no era nadie.
Y tal vez Tzinacán ya no era nadie porque como el mismo dice, ni siquiera él se acuerda de él mismo, y creo yo, que si uno no se recuerda, es difícil que alguien más lo haga.
Emma Zunz: En este relato el padre de Emma, perdura en el lenguaje al igual que Homero, pero no lo hace de la misma manera, no, él permanece para Emma expresado en su voluntad, resguardada por el lenguaje. Y si no fuera por el lenguaje Emma no se habría enterado de la muerte de su padre ni del nombre del responsable del suicidio de este.
Realmente dudo que se tenga conciencia del poder que puede brindar el lenguaje a los hombres, no sólo como camino de la comunicación, sino como ese algo que nos da la posibilidad de dar orden al caos, tener control sobre las cosas (tal vez también sobre las personas) y sobre todo que nos permite postrarnos en la eternidad de la memoria y en la persistencia del lenguaje.
En el lenguaje, si tenemos suerte prevaleceremos, de lo contrario seremos olvidados en el intento.
miércoles, 27 de abril de 2011
Inmortalidad.
Suponer... ¿Qué mejor manera de empezar un texto cómo este?
Supongamos que yo, como Borges, también tengo otro yo, ese otro que puede ser inmortal, puede perdurar a traves de siglos, de eras, de pensamientos, ese otro yo que vive en el lenguaje y es lenguaje.
Y no seré yo, el que no es lenguaje, quien sea recordado. Si es que alguna ves lo llego a ser.
Ya que empecé suponiendo, continuaré haciendolo un poco más.
Talvez ahora más que suponer, imaginaré, y le pediré a usted, lector, que lo haga conmigo.
Imagine, imagine que nuestro mundo, nuestra vida, nuestro todo es como el Ajedrez, como el Ajedrez de Borges. Imagine al universo, cosmos o en lo que usted crea que estamos parados como una eterna (pero no infinita) secuencia de tableros, en la cual, usted controla a las piezas, pero a la vez es controlado por algo o alguien más que lo trata a usted como una simple ficha de este juego. Sólo piense en eso, imagine que usted, al igual que las piezas que usted cree controlar, también es controlado, bien sea por ese ente que llamamos destino o por algo superior o simplemente más grande que usted, como algún dios o ser superior.
Desaparecer... ¿No todos lo haremos en algún momento?
Esto último no es una suposición, támpoco algo que yo imagine o le pida a usted que lo haga. No, esto es una afirmación, y talvez de las pocas (si no la única) verdad absoluta.
Llegará el momento, talvez por muchos temido, en el que esa parte, ese ser que no es el inmortal, quede en el olvido.
Será en ese momento, cuando el tiempo lo haya deborado y la tierra ya lo haya consumido, que seré, totalmente olvidado.
Ya cuando esto haya sucedido, ya cuando no me recuerden a mi, ahí, en ese momento, dejaré de existir. Nada somos si no nos imaginan, nuestra existencia es solo el reflejo de un vago pensamiento.
Ya cuando todo esto haya sucedido, mi otro yo seguirá ahi. Ese que por medio de tintas y papiros alcanzó la inmortalidad.
Él, o ese (¿o yo?), supo mejor que esa parte de mi que ahora yace en un hoyo el saber vivir.
Sé que no podré luchar jamás contra ese ser inmortal.
Algunas veces me pregunto ¿Realmente fuí yo quien creó a ese otro yo que sabe (o almenos intenta) alcanzar la inmortalidad? ¿O es que acaso es él quien me ha creado a mi.
martes, 12 de abril de 2011
Corre.
Siente los pasos detrás siente sus voces acercarse siente sus manos a punto de alcanzarte corre corre no dejes que te atrapen siente el sudor bajar por tu frente siente tu corazón estallar corre corre no mires atrás te van a alcanzar corre corre se están acercando no te detengas no importa el cansancio huye corre huye y corre y no te detengas.
lunes, 11 de abril de 2011
Esas sillas...
¿Por qué demonios son tan detestables e incomodas las sillas de los Transmilenios?
No sé si a quien está leyendo esto le haya pasado algo similar, pero a mi, siempre me ocurre.
Después de haber durado ya gran parte del recorrido de pie, por fin, alguien deja una silla libre, y uno, ansioso se abalanza sobre ella, cómo si alguien se la fuera a arrebatar.
Ya cuando por fin la silla está ubicada bajo las nalgas, uno se siente descansado. Pero gracias a ese "diseño" que les pusieron, uno, después de pocos momentos de deleite se empieza a rodar hacia el puesto del frente.
Y no importa que haga, no importa como ponga la cola, el jopo, el culo o como usted le llame.. Siempre, siempre se va a rodar, y va a tener que acomodarse nuevamente, hasta que se baje del Transmilenio.
Y esto no debería ser así! Sería ideal que uno se sentara, acomodara las nalgas en el punto que le plazca y estas se pudieran quedar ahí.
Pero ¿Cómo se podría lograr eso?
Pues, creo yo, de una forma muy simple (aunque no muy estética), poniéndole un forro como el de las busetas a las sillas. (Al menos con esos nunca se me ha presentado el problema de terminar con las nalgas por fuera del asiento, casi comiéndome las rodillas.)
No sé si a quien está leyendo esto le haya pasado algo similar, pero a mi, siempre me ocurre.
Después de haber durado ya gran parte del recorrido de pie, por fin, alguien deja una silla libre, y uno, ansioso se abalanza sobre ella, cómo si alguien se la fuera a arrebatar.
Ya cuando por fin la silla está ubicada bajo las nalgas, uno se siente descansado. Pero gracias a ese "diseño" que les pusieron, uno, después de pocos momentos de deleite se empieza a rodar hacia el puesto del frente.
Y no importa que haga, no importa como ponga la cola, el jopo, el culo o como usted le llame.. Siempre, siempre se va a rodar, y va a tener que acomodarse nuevamente, hasta que se baje del Transmilenio.
Y esto no debería ser así! Sería ideal que uno se sentara, acomodara las nalgas en el punto que le plazca y estas se pudieran quedar ahí.
Pero ¿Cómo se podría lograr eso?
Pues, creo yo, de una forma muy simple (aunque no muy estética), poniéndole un forro como el de las busetas a las sillas. (Al menos con esos nunca se me ha presentado el problema de terminar con las nalgas por fuera del asiento, casi comiéndome las rodillas.)
martes, 29 de marzo de 2011
El cuervo - Edgar Allan Poe.
Cierta noche aciaga, cuando, con la mente cansada,
meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral
y asentía, adormecido, de pronto se oyó un rasguido,
como si alguien muy suavemente llamara a mi portal.
“Es un visitante -me dije-, que está llamando al portal;
sólo eso y nada más.”
meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral
y asentía, adormecido, de pronto se oyó un rasguido,
como si alguien muy suavemente llamara a mi portal.
“Es un visitante -me dije-, que está llamando al portal;
sólo eso y nada más.”
¡Ah, recuerdo tan claramente aquel desolado diciembre!
Cada chispa resplandeciente dejaba un rastro espectral.
Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado calma
en mis libros, ni consuelo a la perdida abismal
de aquella a quien los ángeles Leonor podrán llamar
y aquí nadie nombrará.
Cada chispa resplandeciente dejaba un rastro espectral.
Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado calma
en mis libros, ni consuelo a la perdida abismal
de aquella a quien los ángeles Leonor podrán llamar
y aquí nadie nombrará.
Cada crujido de las cortinas purpúreas y cetrinas
me embargaba de dañinas dudas y mi sobresalto era tal
que, para calmar mi angustia repetí con voz mustia:
“No es sino un visitante que ha llegado a mi portal;
un tardío visitante esperando en mi portal.
Sólo eso y nada más”.
me embargaba de dañinas dudas y mi sobresalto era tal
que, para calmar mi angustia repetí con voz mustia:
“No es sino un visitante que ha llegado a mi portal;
un tardío visitante esperando en mi portal.
Sólo eso y nada más”.
Mas de pronto me animé y sin vacilación hablé:
“Caballero -dije-, o señora, me tendréis que disculpar
pues estaba adormecido cuando oí vuestro rasguido
y tan suave había sido vuestro golpe en mi portal
que dudé de haberlo oído…”, y abrí de golpe el portal:
sólo sombras, nada más.
“Caballero -dije-, o señora, me tendréis que disculpar
pues estaba adormecido cuando oí vuestro rasguido
y tan suave había sido vuestro golpe en mi portal
que dudé de haberlo oído…”, y abrí de golpe el portal:
sólo sombras, nada más.
La noche miré de lleno, de temor y dudas pleno,
y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;
pero en este silencio atroz, superior a toda voz,
sólo se oyó la palabra “Leonor”, que yo me atreví a susurrar…
sí, susurré la palabra “Leonor” y un eco la volvió a nombrar.
Sólo eso y nada más.
y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;
pero en este silencio atroz, superior a toda voz,
sólo se oyó la palabra “Leonor”, que yo me atreví a susurrar…
sí, susurré la palabra “Leonor” y un eco la volvió a nombrar.
Sólo eso y nada más.
Aunque mi alma ardía por dentro regresé a mis aposentos
pero pronto aquel rasguido se escuchó más pertinaz.
“Esta vez quien sea que llama ha llamado a mi ventana;
veré pues de qué se trata, que misterio habrá detrás.
Si mi corazón se aplaca lo podré desentrañar.
¡Es el viento y nada más!”.
pero pronto aquel rasguido se escuchó más pertinaz.
“Esta vez quien sea que llama ha llamado a mi ventana;
veré pues de qué se trata, que misterio habrá detrás.
Si mi corazón se aplaca lo podré desentrañar.
¡Es el viento y nada más!”.
Mas cuando abrí la persiana se coló por la ventana,
agitando el plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.
Sin cumplido o miramiento, sin detenerse un momento,
con aire envarado y grave fue a posarse en mi portal,
en un pálido busto de Palas que hay encima del umbral;
fue, posóse y nada más.
agitando el plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.
Sin cumplido o miramiento, sin detenerse un momento,
con aire envarado y grave fue a posarse en mi portal,
en un pálido busto de Palas que hay encima del umbral;
fue, posóse y nada más.
Esta negra y torva ave tocó, con su aire grave,
en sonriente extrañeza mi gris solemnidad.
“Ese penacho rapado -le dije-, no te impide ser
osado, viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;
¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?”
Dijo el cuervo: “Nunca más”.
en sonriente extrañeza mi gris solemnidad.
“Ese penacho rapado -le dije-, no te impide ser
osado, viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;
¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?”
Dijo el cuervo: “Nunca más”.
Que una ave zarrapastrosa tuviera esa voz virtuosa
sorprendióme aunque el sentido fuera tan poco cabal,
pues acordaréis conmigo que pocos habrán tenido
ocasión de ver posado tal pájaro en su portal.
Ni ave ni bestia alguna en la estatua del portal
que se llamara “Nunca más”.
sorprendióme aunque el sentido fuera tan poco cabal,
pues acordaréis conmigo que pocos habrán tenido
ocasión de ver posado tal pájaro en su portal.
Ni ave ni bestia alguna en la estatua del portal
que se llamara “Nunca más”.
Mas el cuervo, altivo, adusto, no pronunció desde el busto,
como si en ello le fuera el alma, ni una sílaba más.
No movió una sola pluma ni dijo palabra alguna
hasta que al fin musité: “Vi a otros amigos volar;
por la mañana él también, cual mis anhelos, volará”.
Dijo entonces :”Nunca más”.
Esta certera respuesta dejó mi alma traspuesta;
“Sin duda – dije-, repite lo que ha podido acopiar
del repertorio olvidado de algún amo desgraciado
que en su caída redujo sus canciones a un refrán:
“Nunca, nunca más”.
como si en ello le fuera el alma, ni una sílaba más.
No movió una sola pluma ni dijo palabra alguna
hasta que al fin musité: “Vi a otros amigos volar;
por la mañana él también, cual mis anhelos, volará”.
Dijo entonces :”Nunca más”.
Esta certera respuesta dejó mi alma traspuesta;
“Sin duda – dije-, repite lo que ha podido acopiar
del repertorio olvidado de algún amo desgraciado
que en su caída redujo sus canciones a un refrán:
“Nunca, nunca más”.
Como el cuervo aún convertía en sonrisa mi porfía
planté una silla mullida frente al ave y el portal;
y hundido en el terciopelo me afané con recelo
en descubrir que quería la funesta ave ancestral
al repetir: “Nunca más”.
planté una silla mullida frente al ave y el portal;
y hundido en el terciopelo me afané con recelo
en descubrir que quería la funesta ave ancestral
al repetir: “Nunca más”.
Esto, sentado, pensaba, aunque sin decir palabra
al ave que ahora quemaba mi pecho con su mirar;
eso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada
sobre el cojín purpúreo que el candil hacía brillar.
¡Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar,
y ya no usará nunca más!.
al ave que ahora quemaba mi pecho con su mirar;
eso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada
sobre el cojín purpúreo que el candil hacía brillar.
¡Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar,
y ya no usará nunca más!.
Luego el aire se hizo denso, como si ardiera un incienso
mecido por serafines de leve andar musical.
“¡Miserable! -me dije-. ¡Tu Diós estos ángeles dirige
hacia ti con el filtro que a Leonor te hará olvidar!
¡Bebe, bebe el dulce filtro, y a Leonor olvidarás!”.
Dijo el cuervo: “Nunca más”.
mecido por serafines de leve andar musical.
“¡Miserable! -me dije-. ¡Tu Diós estos ángeles dirige
hacia ti con el filtro que a Leonor te hará olvidar!
¡Bebe, bebe el dulce filtro, y a Leonor olvidarás!”.
Dijo el cuervo: “Nunca más”.
“¡Profeta! -grité-, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
¿Del Tentador enviado o acaso una tempestad
trajo tu torvo plumaje hasta este yermo paraje,
a esta morada espectral? ¡Mas te imploro, dime ya,
dime, te imploro, si existe algun bálsamo en Galaad!”
Dijo el cuervo: “Nunca más”.
¿Del Tentador enviado o acaso una tempestad
trajo tu torvo plumaje hasta este yermo paraje,
a esta morada espectral? ¡Mas te imploro, dime ya,
dime, te imploro, si existe algun bálsamo en Galaad!”
Dijo el cuervo: “Nunca más”.
“¡Profeta! -grité-, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
Por el Diós que veneramos, por el manto celestial,
dile a este desventurado si en el Edén lejano
a Leonor , ahora entre ángeles, un día podré abrazar”.
Dijo el cuervo: “¡Nunca más!”.
Por el Diós que veneramos, por el manto celestial,
dile a este desventurado si en el Edén lejano
a Leonor , ahora entre ángeles, un día podré abrazar”.
Dijo el cuervo: “¡Nunca más!”.
“¡Diablo alado, no hables más!”, dije, dando un paso atrás;
¡Que la tromba te devuelva a la negrura abisal!
¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje
quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!”
Dijo el cuervo: “Nunca más”.
¡Que la tromba te devuelva a la negrura abisal!
¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje
quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!”
Dijo el cuervo: “Nunca más”.
Y el impávido cuervo osado aun sigue, sigue posado,
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará…¡nunca más!.
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará…¡nunca más!.
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